Tendremos un año de mucha actividad cultural
Rector Daniel Alberto Constandse Cortez
El clima templado de la noche juarense se quedó fuera, vencido en la puerta. Dentro del teatro Gracia Pasquel un calor distinto, el de la expectación silenciosa, envolvía a un público que abarrotaba butacas.
A las 19:00 horas del 7 de febrero, sin concesiones para el reloj, la oscuridad se hizo cómplice y los reflectores se dirigieron al perfil del doctor Daniel Alberto Constandse Cortez, rector de esta institución formativa, acompañado del maestro Alejandro Castillo González, director general de Difusión Cultural y Divulgación Científica, quien estaba listo para ofrecer su mensaje inaugural.
“Bienvenidos al inicio de temporada de nuestra Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Agradezco a los 47 músicos que nos acompañan y nos deleitan. Muchas gracias por todo su talento, por todo su esfuerzo, a su director, el maestro Lizandro Valentín García Alvarado”.
“Esta temporada incluye muchas actividades. Serán diez programas a lo largo del año: conciertos clásicos cuentos sinfónicos, ballet. Habrá algunas otras presentaciones con algunas alianzas de otros géneros, así que tendremos un año de mucha actividad cultural”, anunció el rector.
Así, con una solemnidad que era promesa, arrancó el Concierto Inaugural 2026 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (OSUACJ): un homenaje poderoso y sentido a la música, como territorio del espíritu.
No fueron solo notas lo que llenó el aire; fue un encuentro, tal como decía el programa. Un encuentro íntimo entre la emoción que brota de lo profundo, la técnica precisa y depurada que sostiene el vuelo, y la tradición de una agrupación que ya es columna vertebral de la vida cultural en la frontera.
La Orquesta se mostró como un solo organismo, respirando y expresando con una unidad formidable. Las cuerdas tejían bases sólidas y sentimentales, los vientos coloreaban con trazos de melancolía o alegría, y los metales irrumpían con un brillo que erizaba la piel. La acústica cristalina del recinto no dejó escapar ni un matiz: cada pizzicato, cada susurro de la flauta, cada estruendo del timbal llegó nítido, convirtiendo la audición en una experiencia casi táctil.
Ente el repertorio se escucharon las piezas Suites de Peer Gynt n.º 1 y n.º 2, del compositor Edvard Grieg -1843-1907-; y Suites de la Arlesiana n.º 1 y n.º 2, de Georges Bizet -1838-1875-, con arreglo de Ernest Guiraud -1837-1892-, que fueron una puerta a lo clásico y eterno y funcionaron como un viaje emocional.
Hubo momentos de una intensidad arrebatadora: violines que quebraron el tiempo, un diálogo entre el oboe y el violonchelo que habló de nostalgia, un crescendo monumental que fue catarsis colectiva. En las caras del público (estudiantes, familias, adultos mayores con los ojos cerrados, jóvenes capturando el instante solo con la memoria), se leía la misma historia: la de un hechizo en común.
La ovación final, de pie, fue un agradecimiento recíproco que duró minutos. Los músicos, con sonrisas de genuina fatiga y satisfacción, aceptaron el tributo. El director, con su sonrisa y reverencia manifestó una noche a la resiliente alma de Juárez, que encuentra en la música un lenguaje común para sanar, celebrar y elevarse.
Así, entre aplausos que no querían cesar, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez no solo levantó el telón de su temporada 2026: plantó, con la fuerza serena de la música sinfónica, una bandera de belleza y comunidad. Demostró que, frente al ruido del mundo, aún hay santuarios donde lo sublime resuena, y que su eco, el de la inolvidable noche del 7 de febrero, permanecerá mucho después de que las luces del teatro Gracia Pasquel se apaguen. La ciudad, al salir a las frescas 21:00 horas, llevaba dentro un nuevo calor.
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